
El escritor e ilustrador americano Ron Miller, ha elaborado una serie de montajes fotográficos donde podemos hacernos una idea del tamaño de algunos planetas del Sistema Solar. Digo «algunos» porque echaréis en falta a Mercurio y Plutón.
Para ello, respetando la escala real de los planetas, cada fotografía muestra cómo veríamos cada uno de los planetas si estuvieran a la misma distancia que está la Luna.
La distancia Tierra-Luna es de 384.000 km y todos sabemos que nuestro satélite se ve así:

Y para hacernos una idea de su tamaño respecto a la Tierra:

Por supuesto, en la imagen anterior la distancia entre la Tierra y la Luna no está a escala. Si lo estuviera sería así:

Bien, ahora sigamos. Como podréis ver en las ilustraciones de Ron Miller, no hay ninguna imagen que muestre cómo veríamos el Sol si estuviese a la misma distancia que la Luna de la Tierra, sin embargo sólo diremos que viendo la foto de cómo veríamos Júpiter y sabiendo que el Sol tiene un diámetro 19 veces más grande que el gigante gaseoso, ya está todo dicho… Es una suerte que nuestra estrella esté a 149.600.000 km de distancia… (390 veces más lejos de lo que está la Tierra de la Luna).

Esta distancia media entre el Sol y la Tierra, más de 149 millones de kilómetros (distancia que la luz recorre en 8 minutos 19 segundos…), es la distancia que se denomina unidad astronómica (au) y sirve para medir distancias entre objetos dentro del sistema solar. Fuera de él, fuera del sistema solar, se utiliza la medida año-luz, que son 9’5 billones de km, y el pársec, que son 3’26 años-luz. Por ejemplo, si quisiéramos medir con unidades astronómicas la distancia entre nuestro Sol y la estrella más cercana (Próxima Centauri) esto nos daría 270.000 au, es decir 270.000 veces la distancia entre la Tierra y el Sol. No obstante, al ser un objeto fuera del sistema solar los astrónomos prefieren utilizar la medida año-luz: 4,22, en este caso.


Hacernos una idea de estas distancias es algo muy difícil… Para los que vivís en Barcelona, si el Sol fuera una esfera de un metro en el centro de Plaça España, la Tierra estaría orbitándolo en el centro comercial de las «Arenes», Júpiter estaría en la calle de Urgell, Plutón estaría cerca de mi casa, en Glòries, y Próxima Centauri estaría a 58.000 km…

Pararse a pensar los tamaños y distancias relativas a los diferentes objetos del universo siempre es algo asombroso. Los jovencísimos hermanos Huang (16 años) elaboraron una espectacular aplicación online donde interactuar con las escalas del universo. Acceder clickando aquí.


.
Una útil tabla de valores:
.
Una reflexión crítica sobre la concepción de magnitud en ciencia y astrología
Quería hacer una reflexión que creo crucial: el tamaño y la distancia, en astrología, son dos magnitudes físicas [1] que pueden ser comprendidas desde una perspectiva completamente diferente a la mayoría de científicos del mundo. Ellos, los científicos, conciben que
cuando un objeto A está en relación con un objeto B, «cuanto más grande y cerca esté el objeto A del objeto B, más influencia/conexión/correlación entre ambos objetos».
Nosotros, los astrólogos, no negamos que esto suceda siempre así en algunos contextos/esferas/medios/ámbitos: en el de los procesos físicos. En este sentido no hay oposición entre ellos y nosotros. Lo que sí ocurre es que nosotros concebimos que, en algunos otros contextos/esferas/medios/ámbitos, en el de los procesos de los sistemas (el ámbito de la vida en un sentido amplio), lo pequeño y lejano, es decir, «lo menos», lo sutil, puede tener una influencia mayor y, sobretodo, más relevante, puesto que en esta esfera/ámbito el poder para influir lo tiene la significación/lo significado/lo hecho información. Por supuesto, para significar algo se necesita algún contacto físico con el significante, por sutil que sea. Es decir, saber qué hora es puede producir en mí un efecto determinado, y aunque las propiedades físicas del reloj no son las determinantes (tamaño, distancia, etc.), necesito percibir sensorialmente el reloj.
Dicho con un claro ejemplo, creemos que Plutón nos afecta «más» a la hora de nuestro nacimiento que la comadrona presente en el parto. Así pues, esta concepción propia de la astrología supone que los seremos humanos somos capaces de percibir (de alguna manera) aquello situado en el espacio exterior y no sólo eso: que lo lejano es un condicionante muy determinante para las vidas humanas. Por supuesto, esa conexión tan íntima -entre Plutón y la psicología del bebé acabado de nacer- ocurre «de alguna manera» y no se explica todavía cómo puede ser.
El biólogo Frank A. Brown fue el primer científico en estudiar la sensibilidad de muchos animales y plantas para percibir los ciclos del Sol y la Luna incluso cuando estos seres vivos se aislaban manteniendo niveles estables de luz, temperatura y presión. Como dice Gauquelin en «Los relojes cósmicos»:
La audacia de estos experimentos consiste en el hecho de que el campo geomagnético es sumamente débil. Mucho antes, otros investigadores fracasaron en el intento de encontrar reacciones animales incluso con el uso de campos magnéticos cien veces tan fuertes como los normales que nos rodean. (…) Pero (…) a veces, los organismos reaccionan de manera más inmediata a niveles de energía más débiles que se encuentran en la Naturaleza, y las variaciones del magnetismo terrestre pertenecen a este grupo. Las intensidades mangnéticas usadas con exceso en experimentos anteriores sólo sirvieron para colmar al animal, incapacitándole para reaccionar.
Más info en M. Gauquelin, «Effets biologiques des champs Magnetiques», Anée Biologique, V (1966). 595.
——-
[1] Magnitud física: aquella propiedad de un cuerpo, sustancia o fenómeno físico susceptible que puede ser distinguida cuantitativamente. Más info aquí.

Deja un comentario